martes, marzo 28, 2006

Desvirgando una idea

Esta vez podría funcionar. No era capaz de atisbar para qué servían aquellos comandos que escribí antes de reiniciar el entorno gráfico, pero lo cierto es que ya no recuerdo la hora en que me propuse aquel reto. Solo un clic más para reiniciar en una sesión Xgl y... ya está... parecía que nada había cambiado en el escritorio, pero conocía una forma de averiguarlo... Ctrl+Alt+clic... arrastro el ratón y... !Sí! !Por fin he instalado Beryl en mi PC! Mi mente sintió tanta jovialidad que me quiso premiar con un vigoroso salto; no obstante, sin advertir la posición del pico de una maliciosa lámpara de araña que impactó con violencia sobre mi coronilla. Lógicamente no me dolió: las endorfinas me inmunizaron contra la pena.
No me gusta hablar de la realidad sin vestirla con las palabras más elevadas porque así es cuando me alegro de estar vivo, sin embargo, en este caso me gustaría hacer una excepción para alumbraros a cerca de un hecho que, según mi criterio, es tan bello en sí mismo que no necesita de más artificio para destacar por entre el modo que tiene la electricidad de recorrer circuitos en un ordenador.
Todo empezó hacía unos tres meses. Jose llevaría unos viernes hablándome del GNU/Linux y, en especial, de la distribución que se había propuesto instalar. Fue Ubuntu, y tras probar este sistema operativo (SO) me habló de sus bondades tanto que; no sé si bien para probar algo nuevo, bien para probar algo bueno; accedí a que mi ordenador funcionara con un SO que no estuviera basado en una ideología consumista, sino al contrario, y que además optimiza el comportamiento del equipo.
Y tras esa “install party” mi ordenador goza de salud y mi mente, de la tranquilidad que te confiere el saber que una cosa tan imprescindible hoy día para la actividad de una persona no depende de los caprichos de unos directivos o, lo que es peor, de un momento social. Desde aquí el software libre llenó mi vida de manera intensa; comprendí que si ponemos ventanas al progreso de nuestras actividades cotidianas nos exponemos, no solo al peligro de tener que comprarnos un ordenador nuevo cada vez que aparece una nueva versión de la ventana, sino a limitaciones continuas en cuanto a funcionalidad.
Pero ya no hay nada bueno del todo -pues la bondad es relativa-, y sentí en mis carnes los problemas que existen con los drivers de algunos dispositivos (problemas en los que, por cierto, se está poniendo muchísimo empeño para mejorar) cuando intenté conseguir conexión wifi... Pero en un día lo conseguí (aunque después aprendí que el problema se podría haber solucionado fácilmente por otras vías) y tras ello vino un sinfín de software libre haciendo que mi equipo hiciera lo mismo que antes pero con más aguilidad. Y al manejar Ubuntu me sentía más inteligente y comprendí cuán limitadísmo estaba antes.
A raíz de todo esto conocí a Lyx, un procesador de texto basado en Latex que es muy cómodo y útil para escribir, ya que –entre otras cosas– edita el formato automáticamente y tú solo te encargas de escribir; además le da un toque profesional a tus trabajos...
Mi último avance se llama Beryl y me ha dejado boquiabierto... No pensaba que un ordenador podría a ser esto. Y en este momento, recuerdo unas palabras del personaje más influyente del siglo XX, Albert Eintein, quien dijo: "Por qué esta magnífica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida más fácil, nos aporta tan poca felicidad?
La respuesta es esta, simplemente: porque aún no hemos aprendido a usarla con tino." Sinceramente, creo que ésta es la oportunidad para que una bella tecnología nos haga felices de una vez y que nos desprendamos de uno de los prejuicios más dañinos de nuestra sociedad.
Quien se haya acercado mucho a la pantalla, quizá crea que estoy en contra de Window$ como aquellos que lo odian tanto que son capaces de no comprar la licencia y piratearlo (cosa que no comparto, pues la mejor manera de mostrar desinterés es desinteresarse); pero no pretendo desprestigiar a nada, yo solo comparo y me quedo con lo mejor. Mi única intención es divulgar y que cada uno decida según sus necesidades, pero para eso primero hay que conocer e interesarte.
Como escuché alguna vez por ahí: “El hardware es la parte de la informática que recibe los golpes cuando el software no funciona.” De vosotros depende a qué queréis dar golpes: si intencionadamente al ordenador con el que me estáis leyendo o si fortuitamente a vuestra cabeza.
Un saludo.

miércoles, marzo 22, 2006

Gratis

¿Por qué nos llama tanto a todos la atención un cartel donde pone la palabra "gratis"?

jueves, marzo 16, 2006

Filosofía para un semáforo

Respiro el aire de la brisa matinal y me alivio.

Comtemplo cómo el cielo es cada vez menos rojizo y mi corazón se pudre por dentro.

Salgo ya bajo el cielo azul y me estampo contra la realidad.

Ofrezco mi voz al mundo y todos quedan callados.

Comienzo a predicar y la gente rehusa de dirigirme una mirada de atención.

Explico mis tesis y la palabra "loco" aparece en todos los cerebros.

Vivo y nadie vive conmigo.

Hay días en los que me levanto y me siento desierto. Al igual que un cernícalo permanece parado durante horas para no desperdiciar energía, me encuentro cuidadoso en no derrochar mi verbo.

Es en estos momentos cuando me pregunto si todo lo que aquí estoy diciendo tiene algún sentido o si son majaderías de un niño mimado por la vida.

Hoy dejaré todo esta máscara literaria en la alacena y me iré por ahí a meditar sobre lo inexplorado que es todo lo mundano y lo cotidiano.

Y no se aleja tanto de la realidad el hecho de desmenuzar lo que nadie ha desmenuzado –o, al menos, de lo que no tengas constancia–, pues es reflexionar sobre ella en toda su expresión y calidad.

Por todo esto decidí dar un paseo por la pequeña capital y observar qué sucedía y por qué estaba ocurriendo.

Gente, salías si lo primero que aparecía era gente. Todos con caras de adormilados unos, perdidos otros. Pocos eran los que se atrevían a sonreir o impresionante con lo diferente que comienza un día con respecto a cualguier otro, ya que existe una variabilidad aleatoria (aunque razonable y congnoscible) que sorprende. Ni tan siquiera se atreven a mantener un semblante de concentración.

¿Qué estará ocurriendo en el mundo para que ocurra esto? Toda causa presenta un efecto y no quise descifrarlo todavía.

Seguí marchado a zancadas de paseo y... una mano similar a la de Dubois salió por entre la penumbra y me agarró con tal firmeza que nunca se me hubiera ocurrido oponer resistencia. La duda en ningún momento me embargó. Era mi compañero de piso:

—¡Megías, qué grata sorpresa verte por estos lares! ¿Qué haces? Yo no te hacía yo por aquí.

—Lo importante no es lo que yo haga, sino lo que tú deberías de haber no hecho.

—Sé más explícito.

—Venga, ¿acaso no sabes que has estado apunto de cruzar el paso de peatones aún cuando el semáforo para tí está rojo?

—¿Qué?No medió palabra, ya que únicamente con apuntar enfrente mía le bastaba para indicar que lo que allí había era un muñecajo rojo, lo que significaba que ningún peatón debía continuar su marcha si éste era de ese color.

Y pensé que toda aquel comezón de cabeza que me acompañaba durante mi paseo me había hecho perderme del mapa según lo admite la conciencia; que me había abstraído tanto que nada parecía existir más que yo y mis pensamientos. Me liberé:

—Es cierto y necesario.

—No le dés más trascendencia.

—No quiero, ¿cómo podría pagarte?

—Mediante la única forma por la que podrías hacerlo.

—¿Cómo?-Me gustaría saber la filosofía que le encuentras tú a un semáforo.

—Si sólo es eso, no dudes en pensar que tendrás noticias mías.

—Lo esperaré.

—Bueno. ¡Oh! ¡Ya está ese hombrecillo coloreado en verde! Me toca irme.

—Descuida. Nos vemos.

—Adiós.

Después de esto proseguí mi camino de divagación ya más sosegado y sin tanta hambre de ideas.

"Semáforo",pensé nunca se me hubiera ocurrido.Como siempre, había que empezar por la etimología: esta palabra procede del griego sema (seña) y phorus (llevar), es decir, que lleva señales. Entonces, basícamente sería un aparato eléctrico de señales luminosas que se utiliza para regular la circulación.

Amigo y me dirijo sólo a tí. Un semáfora no solo significa "rojo, amarillo y verde; flechita sí, flechita no; ahora me enciendo, ahora parapadeo, ahora me apago; hacedme caso unos, hacedme caso otros;...". Si hay algo que verdaderamente lo define es el consenso.

Sí, el consenso como reunión de conceptos de una mole poblacional para hacer algo concreto en un momento contreto en cualquier lugar del mundo.

Siempre que haya un semáforo, eso significará que ha habido un hombre detrás y una ingente masa delante para obedecerlo. Es la expresión de que si el ser humano necesita coordinarse para que el alma colectiva de Aristóles no tenga que recordar que no tiene ninguna capacidad para establecer prioridades y orden.

Nadie se alegra cuando se encuentra con un semáforo rojo, pues este hecho cohíbe nuestra libertad. Pero son pocos los que se lo "saltan" y muchos menos los que no toman precauciones si lo "esquivan". ¿Por qué? Porque el hecho de inflingir la norma supondría tener nefasta consecuencias.

¿Por qué nos coordinamos y nos ponemos de acuerdo con un semáforo y no lo hacemos para resolver nuestros conflictos y lo hacemos a cañonazos? Seguramente porque vivimos en la sociedad del movimiento: necesitamos desplazarnos de un lugar a otro para vivir. Y por mucho que cambien las cosas (ya lo creo que cambiarán y de qué manera) el hombre seguirá necesitando tener acuerdos para que sus necesidades vitales se satisfagan. Las guerras no son por necesidad, son por falta de concenso. Ninguna guerra puede ser nombrada como necesaria, aunque es cierto que el hombre (al igual que los primates que viven abajo, en la tierra) tiene un instinto agresivo como defensa contra depredadores. Esto unido al afán no tan moderno de saber que tener mejores prestaciones supone en el ámbito cotidiano ser más que el de al lado y que nacemos para sobrevivir y hoy día sobrevivimos con el dinero, nos lleva a trifulcas cada vez más violentas (pues las herramientas del hombre son más sofisticadas).

Y Darwin tenía razón. Pero ya que somos animales racionales, por qué no podemos acordar que la única forma de mejorar y ser feliz está en mejorarnos a nosotros mismos y no empeorando al compañero del otro lado.

Así pensé y una cosa tan cotidiana como ésta puede llevarnos a reflexiones bastante profundas. Ésto es lo bonito que tiene aquello que despreciamos.

miércoles, marzo 01, 2006

Todo

A la noche de los mortales, llegué cansado abajo de la montaña. La brisa resbalaba lacia por entre mis lágrimas de franela. Había alcanzado, sin duda, el final de mi aventura, comienzo y final del ciclo, y anduve corrido hasta plantarme en la vieja y robusta encina donde Zaratustra vino a mí. Miré a un lado, miré a otro y no logré mi objetivo: ver aquella engañadora, mala arpía.

Con la sabiduría que te otorga la experiencia en una mano y con cautela en la otra decidí montar campamento en el árbol, esperando a que el sol volviérame a calentar las espaldas.

Y fue así, sin quererlo ni comerlo, como encontré la más prodigiosa (y, quizá, definitiva) idea de entre las ideas de la cual, según mi intuición, nunca podré avanzar en un paso tan agigantado como en esta ocasión. Fue durante el sueño, un sueño que ya nunca podré volver a olvidar:

Al principio vi el Universo, majestuoso sistema donde los haya el cual, según algún físico que ronda por ahí, es cerrado en cuanto el vacío que le rodea es tal que no puede ser afectado por nade externo.

Camaradas: diría que el Universo es infinito, pero en mi cabeza no existe nada real que pueda llegar a serlo, pero –y ahora lo entenderéis– sabed que si yo (o cualquiera de vosotros) coloco un espejo frente a otro y algunos os atrevéis a asomar la cabeza veréis innumerables copias de vosotros (cada uno la suya) y parecerá que son infinitas. Pero todo es un juego y una mentira, una ilusión óptica y una traidora falacia de los sentidos. Lo que verdaderamente ocurre es que, como cada vez los clones son más pequeños, llega el momento en que no hay átomos suficientes para reflejar la luz necesaria para la imagen. Así es el Universo, podrías echarle un vistazo y, con respecto a ti y la forma de ver de tu cerebro (porque vemos con él) sería infinito y todo poderoso, además, pero es una mera ilusión, aunque nosotros no podemos llegar al fin, de verdad lo tiene, pues antes dije que era un sistema (lo que contiene una serie de elementos –los cuales no pueden tener fin real– y una serie de relaciones entre ellos). Y son estas dos cosas las que imaginé después y más me emocionaron.

Con toda esta parafernalia de dianoias y ejemplos lo que pretendo explicar es que el Universo nunca llegará a ser infinito, pero no es menos verdad que nunca el hombre llegará a su fin (pues yo creo que antes de que se sucedan los avances científicos y tecnológicos necesarios par ello se autoextinguirá) y, si se diera el hipotético caso, ya no sería infinito, inalcanzable para nosotros. También digo que es lo más superior y lo más grande que podemos llegar a imaginar y comprender medianamente, pues en cualquier característica, al ser nosotros tan insignificante en relación a Él, sería superior a nosotros, pues estamos dentro de Él. Aún así hay algo que, como sistema no tiene, y es la complejidad: somos entes complejas, pues son ínfimas las posibilidades de formarnos azarosamente (aunque, ironías del destino, nos formásemos así –aleatoriedad tras aleatoriedad–, acumulando cambios insignigicantes).

Fue precisamente esto último lo que me hizo reflexionar sobre porqué no se le hace caso a todo un Premio Nóbel como es J. R. Jiménez (con su Dios deseado y deseante). En todos nosotros hay algo de divinidad porque hay algo de complejidad y realizamos actos complejos (por ejemplo, construir una casa), es obvio. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otro momento.

¿Por qué existimos? Todos nos hemos hecho esta pregunta alguna vez es relación a qué o quién nos creó. Todos –sin exceptuar a nadie– hemos nacido en el seno del Universo, somos parte de Universo, por lo tanto, no nos ha podido crear Él. Borremos esa idea de ser creados por un Creador. Hemos sido creados por el capricho del azar, somos fruto de las numerosas interacciones que pude sufrir un sistema dentro del Universo. Nunca comprenderé por qué pululan por ahí pensamientos tan obstinados y obsesos sobre que Éste tiene conciencia propia, es decir, piensa.

El caso es que el Universo no es tan sesudo como parece. Y esta fama se le atribuye porque en Él (como en nuestro cerebro –gracias al cual podemos pensar y tomar decisiones) interactúan unos elementos con otros y éstos con sus diferentes y difíciles relaciones entre todo lo que forma parte de ello, y en el Universo, además de las relaciones a escala microscópica y nanoscópica sobretodo, hay interacciones que se debaten entre zonas muy amplias y grandes. ¿Por qué es tan raro, extraño, extravagante, estrafalario, pensar que en un sistema con tantísimas interrelaciones de diversas índole y escala se puede cocer las más sorprendentes y, probabilísticamente, harto improbables reacciones sin que exista la necesidad de que haya un ente vivo, como nosotros, al mismo tiempo que superior?

Resumiendo –y que cada uno tenga su opinión, yo lo único que hago es abrir los ojos y observar– el Universo no piensa, no tiene un sino para todo lo que existe en su seno, ni tan siquiera para Él mismo, sino que es un sino en sí.

Esto fue lo que soñé durante mi fase REM, y esta es la reflexión.

Luego me levanté y, cuando abrí los ojos, un individuo me estaba allí esperando.

—¿Tú eres aquel quien se posiciona en contra de la gente que no cree en nada superior, la gente que es superior en sí misma? —eso fue lo que dijo, mientras me desperezaba.

—¡Agg! —bostecé con igual educación con la que esa persona me recibió— Perdone —me disculpé, pues había sido bastante descortés—. Lo cierto es que sí, parece que la acústica de la montaña es bastante buena, ¿no cree?

—No me vengas con ironías. Y para tú información, soy mago y vengo en busca de explicaciones.

—¿Sobre qué? —pregunté con algo de pedantería.

—Sobre eso de que el Universo es Dios. Eso de que el Universo es cerrado. Sería como una especie de cultivo de bacterias en el que nosotros nos encontramos y del que nos es imposible salir. ¿En un cultivo de microorganismos real, nosotros seríamos Dios de estas diminutas formas de vida?

—Claro que no, pues en el cultivo existe un intercambio de materia y energía con el exterior, al menos (según el tipo de alimentación de los mismos), de una de las dos cosas, es decir, es un sistema abierto o adiabático. Además la relación tamaño del cultivo/organismos es más pequeña en el sistema cultivo-microorganismos que en el sistema Universo-hombre. También me gustaría añadir que esos seres no tiene la complejidad supraestructural necesaria para pensar y creo que estás tergiversando a más no poder mis pensamientos.

—No hago tal cosa. Simple y llanamente me dedico a valorar tu tesis y criticar con cabeza aquello que creo erróneo.

—Parece que sigues mis pensamientos desde hace tiempo. Eres muy prudente en todo lo que dices. No obstante, tienes algún defecto que otro.

—No.

—Sí. A no ser que llames criticar con cabeza a valorar sin conocer aquello que criticas.

»Yo nunca he dicho que Dios exista para quien no lo necesite. Solo he pretendido dar una definición de algo que parece oscuro y distante para alejarlo, haciendo que el vacío moral se desvanezca como una cucharada de miel se disuelve en un vaso de leche caliente.

»Pero lo que yo pienso es que tú crees en algo divino que, al contrario que en mi caso, se puede explicar con ciencia. Quiero decir que crees en un pseudopoder o en algo prodigioso que te permite hacer toda tu magia. Por ejemplo, ese truco de cortar un aro de papel en dos y como resultado obtenemos un aro más grande. Pues bien este aro, para conseguir dicho efecto, debe de ser una “cinta de Möbius”, una forma matemática con unas propiedades (de las cuales no es ni momento ni hora de hablar) entre las que se encuentra ésta. Y cualquier prestidigitación que manejes podría un científico avalarla desde un punto de vista de la razón. Por esto te podría llamar –aunque, por respeto, no lo hago– ignorante inteligente.

»¿No son totalmente contradictorios tus artes y tus pensamientos?

—No lo son —dijo con tomo seco y decaído—. Y ahora me toca a mí deslumbrar con ejemplos. Imagínate a un faisán amarillo mezclado con una estrella de mar de trece brazos que a su vez tiene su cuerpo dividido en metámeros como una lombriz de tierra luminiscente. ¿Existiría?

—Pues claro que no. ¿Cómo podría alguien creer en una patochada como lo es ésta?

—¡Ja, ja, ja! —rió desconsolado—. Has caído en mi trampa. Y así te he demostrado que no todo lo que podemos imaginar existe verdaderamente. Así, Dios es algo imaginable, pero inexistente.

—No sé a qué viene todo este circo que te estás montando. Yo estoy hablando de un concepto, no de una mezcla de conceptos –a cuál más diferente que el anterior–, ese concepto no existe como tal, pero no creas que es un ser, sino una mezcla de seres y, si estuvieras algo más plantado en las ciencias biológicas, sabrías que son muy pocas las mezclas que son posibles, pues la evolución (entendida como el cambio de las frecuencias alélicas de una población) de los organismos es un proceso en el que difícilmente pueden actuar seres vivos de grupos tan distantes de forma intrínseca y cuando lo hacen se produce entre grupos que tienen gran similitud unos de otros.

»Con esto quiero decir que estamos hablando de cosas diferentes y merecen una forma diferente de comprensión.

—No creo tus falacias.

—¿No las crees o, por el contrario, no las entiendes?

—Un momento, tengo una cuestión más que plantearte: si Dios es nuestro caldo de cultivo, ¿podría haber algo superior a Dios, que estuviera en otro caldo de cultivo de otros universos superiores?

—La pregunta no está del todo planteada de forma correcta –ya que Dios es el sistema, somos parte de Dios, no estamos dentro de Él; somos relativamente Él—-, pero suponiendo que tu oración fuera correcta, diría que no hablo de aquello de lo que no conozco si existe o si es una hipótesis más relativa a la imaginación y la confusión, que a la Filosofía.

—Espera: la última pregunta —dijo acelerado y alterado—. Cuando decimos que “nos cagamos en Dios”, según tu tesis, lo hacemos de veras, esa expresión ya sí cobraría todo su significado, ¿es cierto?

—Hasta aquí podríamos llegar. No voy a contestar cosas por dos veces, pues eso significa que no has entendido nada de lo que hecho hablado y que has venido hasta mí para incordiar. Además, si algo odio es que alguien me haga perder mi tiempo, lo más valioso que tengo. La respuesta está en la última contestación: averígualo tú.

Estos son los casos en que es mejor resolver, por muy triste que parezca, a base de golpes. Pero yo contuve todo mi instinto animal para no rebajarme a su infranivel. Por esto me deslicé por entre el suelo alfombrillado de hierba hacia otro lugar donde hubiera gente menos estúpida y con una capacidad de comprensión relativa (pues la absoluta podría estar vetada por sus ideales, cosa que no puedo valorar); cosa que, por otro lado, no era tan difícil.

El compañero se quedó ahí clavado, pues no supo quién o qué había tenido la culpa en todo esto: si él o su osadía y aceleración. Sólo sé que permaneció ahí hasta que perdí de vista a la centenaria encina.

Así fue cómo demostré que la gente que pone pegas a mis tesis, suele ser gente a la que es muy fácil derrotar dialécticamente. No obstante, creo que es tan complicado lo que pienso que el hecho de escribirlo y transmitirlo de forma inteligible me hace un flaco favor.

De todos modos no reprocho a nadie más que a mí todos los errores de interpretación e imaginación que se cometen con mis tesis. Pero este es el placer que tiene la Filosofía como arma de meditación: esto sí que es lo que más adoro.

lunes, febrero 27, 2006

¿Justicia...? ¿Dónde?

Gente que mata a gente. Ladrones que roban a ladrones. Infelices. Tolkien ya lo dejó escrito: "The world is changing".

Es cierto, el mundo está cambiando y nosotros no hacemos mucho para remediarlo. El hombre evoluciona a pasos agigantados, pero su naturaleza es la misma desde hace miles de años. Sí, éste es el quid de la cuestión: mientras necesitamos una sociedad más compleja, seguimos arrastrando las mismas limitaciones que soportaron nuestros ancestros. Esto nos está llevando a una deriva sin control aparente y necesario y la única forma de parar esta tendencia es hacernos más simples, más acordes con lo natural, ya que enfrentarse con la Madre Tierra no es gratuito y sus consecuencias son muy caras.

Aquí sigo ya en la montaña traicionera y aquí aprendí cosas importantes, aunque nunca podría haber presentido lo que me ocurrió durante el primer tramo de mi bajada –donde, a pesar de parezcer contradictorio, la gravedad es una mala compañera de viaje– y me hizo reflexionar y criticar con cabeza.

Resultóse que durante mi descenso me pareció divisar a la lejanía una especie de polvareda gris que ascendía súbitamente y se hacía más oscura y opaca (como una niebla inglesa). Decidí esperar a que ésta se acercara a mí (y el lugar en el que lo hice me recordó a aquel donde me despedí de mi amigo y recité su teoría), pues el descenso acusaba cada vez más a mis fuerzas. Cuando la polvareda me vióse detuvo y de entre ella encontréme un serio individuo. Sus ropas rasgadas, mojadas y rebozadas en barro hacían seña de que llevaba errando por esos lares desde hacía bastante tiempo, auque la sinteticidad de las misma le delataban que procedía del exterior de la montaña.

Con la mano alzada en señal de detención me encontré y después de hacer este gesto universal coloqué mi brazo plagado de pequeñas heridas en una posición más vital. Acto seguido dije:

—¿Qué te trae por aquí, mi raudo personajillo?

—Huyo despavorido por el terror que me causa la "Justicia" —entrecomilló esto último— que gobierna ahí abajo.

—Te comprendo. Es mejor huir antes de intentar acatar una solución que parece imposible. Pero eludir las responsabilidades como pensador y alejarse del problema no conseguirá solucionarlo en ninguno de los casos para este tipo de magnitud: esto es precisamente lo que Dubois, el doctor de la emoción, me enseñó.

—¿Qué puedo hacer si no es huir al ver el cúmulo de atrocidades feroces que se avecinan en cada esquina? —gimió entre sollozos.

—No sé exactamente lo que me quieres decir. ¿Qué actuaciones de la justicia te hacen temblar de dolor?—Son muchas. No sé si podré decirlas, si mi mente no se derrumbará.

—Inténtalo. Los miedos sólo se pueden salvar enfrentándose a ellos cara a cara. Cuéntame.

—Gente que pierde la vida entera castigado por algo que nunca hizo. Malvados villanos con condenas de milenios a quienes la ley le obliga a no cumplir más del 99 % de la misma. Ladrones de pobres trabajadores del sector primario que se cobijan bajo el calor de un caro abogado del demonio, cuando la prueba más evidente es la ausencia de comida en los estómagos de esta noble gente aprovechándose de la humildad y la ignorancia de éstos. Delincuentes que nunca son buscados porque no son reentables en las cuentas de la justicia. Gente que justifica la guerra como construcción. Corruptos que indagan en la leyes para abordar en los "vacíos legales" las bases de su próxima estafa —y su corazón bondadoso no pudo más y rompió a llorar—. No puedo más. ¿Qué garantías tengo de que la justicia mañana no me llame delincuente? ¿O a aquellos que se ceben de mí ser llamados inocentes para poder incidir en sus perjuicios?

—Es lógico todo lo que acabas de decir y de nuevo estoy contigo en tu posición. Pero esta no es la actitud para manejar estos temas tan escabrosos.—¿Cuál debe de ser, entonces, esa actitud?

—Primero, no debes de temer a la justicia, pues en donde procedes no existe dicho concepto como realidad rotunda (y me temo que ningún concepto ni ideal existe de esta forma), pero –y aquí reside el problema– no hay algo pueda hacer las veces de ella, ni nada que, al menos, se le parezca y se le aproxime. El problema es que las instituciones y entidades que actúan en nombre de la justicia no se renuevan a la velocidad que la sociedad se hace más compleja. Digamos que está perdiendo la carrera ya cada vez se está alejando del ideal que pretende alcanzar.

»Podríamos decir, por lo tanto, que la justicia no es justa y todas las personas que forman su organigrama son conscientes de ello. Esta sentencia es la base que tienen personas malogradas. Teme más a los hombres y a nuestro sistema que, cada vez, está deviniendo a lo más profundo de la villanería, la sinvergoncería y la corrupción.

—Es una declaración muy buena y consecuente, pero, ¿qué soluciones das?

—Buena pregunta la que formulas. Como ya te he dicho, no llegan a manifestarse los conceptos y la Justicia, en este caso, tiene un cariz especial, pues está definida por personas, no cualquier persona o ente, sino por "humanistas". ¿Por qué no se pide a los científicos de la realidad natural que intervengan a la hora de legislar y editar códigos civiles? Acaso las ciencias de todo no tienen una visión humana? ¿Son estos científicos robots?

»No hagas mala interpretación fogosa de mis palabras: no estoy insultando a nadie y que nadie se sienta aludido, pues en verdad estoy insultando a todo. Solo digo que si los científicos defensores de la naturaleza no ponen trabajas a la sociedad del crimen, quién les da potestad a ellos de vetar la sociedad del conocimiento. Todo lo que tenemos se lo debemos a éstos últimos, los primeros solo hacen administrar, aunque –y aquí viene la paradoja– sin valorar lo suficiente a los que le dieron trabajo de estudio, son los segundos los que tienen que ser policías de sus prácticas. El mundo ya habría sido despoblado si nadie hubiera puesto freno a su apasionado afán por la codicia.

»Sé que mucho de lo que digo lo digo sin saber, pero es lo que siento. Así os digo: no apeléis (ninguno de los dos grupos del saber) a la ética y la moral cuando es vuestro desconocimiento e ignorancia las que os hacen tener miedo.

»Por tanto, este primer paso sería aunar esfuerzos consecuentes entre los "justos" y los "injustos", pues la única forma de justicia material es la del consenso.

—No estoy de acuerdo —replicó el cobarde de la sociedad—. ¿Cómo podrían los dos grupos interceder en ello?

—Me gustan tus preguntas, pero antes te diré qué es lo que se conseguiría: en definitiva, todos podríamos elaborar leyes más científicas que morales en asuntos nuevos y que merecen el reconocimiento del paso del tiempo. Aún nadie me ha explicado si todo esto es en verdad un error.

—Eres muy presuntuoso, ¿no te lo ha dicho nunca nadie?

—Tus dudas bajas de nivel, eh…

—No puedo acallarme más…Lo cierto es que estoy huyendo de la justicia porque me han acusado sin razón cierta, sino con falacias.

—De qué te acusan.

—Dicen que he atacado y…violado a las más ricas hermanas de entre las gentes de un país rico.

—¿Y qué te preocupa?

—Que no hecho nada de los cargos que se me imputan y, el problema, tienen a un gabinete de los mejores entre los más hábiles charlatanes sesudos y yo solo un abogaducho que me conceden por "derecho".

—¡Oh, aprehendo todo esto! Además es buen ejemplo de todo lo que está sucediendo. Y me pregunto: ¿esto es un sucedáneo de Justicia? Si tienes el mejor de los abogados no solo te quitan la pena que no existe, pues aún sin haber hecho nada perjudicial a nadie, te crucifican no solo ante la ley, sino ante el resto de la gente, serás un desterrado social, como un día caí en la cuenta yo.

—Me gustaría haber hecho todos los actos por los que se me imputan las penalizaciones, así tendrían algo por lo que acusarme.

—No entres en el estúpido juego. De nada sirve llamar al pasado, porque lo pasado, ha pasado y ya nunca volverá. Lo interesante es hacer un buen futuro comenzando desde el presente, auque haya personas enfermas de venganza y de poner identidad —aunque sea falsa, ya que el corazón sin ojos no siente.

—Bien, creo que me estas curando de mi miedo, aunque solo sea desde la sabiduría. Mas no me gustaría despedirme sin que mostraras ante mí, y todo aquel que con oídos aptos para la escucha ,cómo sería tu reforma.

—Mi propuesta para la resolución de todos estos males está en la destrucción de los sólidos estereotipos que están clavados por entre las gentes. Si algo podemos decir de nuestra justicia particular es que no es ciega y su balanza está trucada. Propongo quitar la venda a la justicia y que vea la verdad y la separe de la corrupción. Propongo, además que su balanza no se incline hacia el lado del infractor. No quiero defenderme de nada, quiero que a cada uno le corresponda y hable por lo que ha dicho y hecho (pues algunas veces el delito está en hablar o no hablar. ¡Ya basta, estoy cansado que me pidan dinero para salvar a los inocentes que necesitan, según los hecho un buen abogado, y no dejan hablar a los hechos, sino a sus interpretación oportunistas y barriobajeras!

—¿Cómo lo conseguirás?

—Camarada, Dios sabe que es imposible que una sola persona frene este entumecimiento. Y menos una persona a la que muchos llaman "loco", sin saber que loco es una persona que tiene sentimientos de la realidad por los que ésta última no responde y actúa consecuente al error de percepción. ¿Acaso no estamos todos –unos más que otros– locos de esa manera?

—Sí. Tus aforismos me han llegado a las entrañas. No obstante, me gustaría que fueras al grano.

—Perdona. La justicia solo penaliza al que, para sus ojos vendados, es el culpable. ¿Mentiría si dijera que tener un fallo –como tienen muchas de las personas condenadas– no es delito? La justicia debería de castigar sus fallos y los de sus componentes según vayan surgiendo a partir de ahora. Esta es la única manera y la más precisa de acercarse a la Justicia de forma eficaz; y a la par de que cambian la forma de mirar de las gentes para bien suyo o para su mal. Y como a buen entendedor –como tú lo eres– pocas palabras son necesarias, cualquier comentario estaría de más. Ahí te dejo mis pensamientos para que tú hagas un uso cuerdo de ellos. No para que te sumerjas en el lugar oscuro del que proviene toda aquella necesidad de poder en cualquiera de sus significados.

»Y bien, ¿qué harás ahora que tienes un modelo de pensamiento?

—Seguiré huyendo, hacia arriba, porque no quiero ser víctima de esta turbulenta sociedad. De hecho, la justicia no reparará en mí durante mucho tiempo, se le acumularían nuevos problemas que solventar, así va montado esto. De todos modos, mi conciencia quedará tranquila, porque yo estoy seguro de que me buscan por su ineficiencia, en vez de buscar en ellos mismos.

—No me gusta oír lo que estás diciendo, pero no puedo interceder en el destino de una persona quien, me consta, tiene buenas ideas para actuar de la forma que le sea más consecuente.

—Gracias por ser tan comprensivo.

—No me des las gracias, pues la mayor forma de agradecimiento no es la palabra, sino la acción. Piénsalo mejor, siéntate en las piedras tapizadas de líquenes tiernos y reflexiona con tranquilidad antes de continuar tu camino hacia tu destino. Te lo advierto porque yo una vez actué acelerado y aprendí que el sino de uno debe ser escrutado por su seso antes y no después, entonces será demasiado tarde.

—Te prometo que lo haré, pero quédate conmigo a debatirlo.

—No puedo hacerlo, pues nuestros caminos se han cruzado en un punto y ya nunca irán a juntarse más. Lo mejor para los dos es que cada uno decida lo que le atañe, porque en caso contrario las variables caóticas se multiplicarían por dos. Y sería atentar contra todo lo que en este rato he ido pregonando.

—Hasta nunca, entonces. Adiós.

—Adiós, pero debes antes de hacerme un pequeño favor.

—¿De qué me hablas?

—Sé tú mismo.

Y giré sobre mi eje longitudinal en un ángulo de 180o y ya no volví a ver a esta alma atormentada. Tras un corto espacio de tiempo, me giré y no observé la estela de humo gris que traía esa persona antes de toparse con mis divagaciones. Respiré hondo y me sentí alentado.

Tiempo después, se hizo oscuro y la intensa sensación de frío me heló las neuronas motrices, así que decidí apontocarme en unas duras y gélidas piedras para hacer noche ahí. Después de un rato durmiendo me levanté sobresaltado por una intensa bocanada de aire que se levantó cerca de donde yo me encontraba. «Una idea», pensé. «Una maravillosa idea». Apareció en mí como un susurro, una voz lívida a la vez que contenta: "Después de todo, me has enseñado que la justicia es mala, pero simultáneamente es necesaria. Todos deberíamos de adquirir la conciencia precisa para no hacer mal a nadie y que, dentro de poco, este tipo de conversaciones queden caducas y obsoletas. Mientras tanto, muchos de nosotros –si no todos– tendríamos que hacer vida en base a las Tablas de la Ley por muy ateos o creyentes que podamos ser o dejar de serlo, hasta que todos respetemos los derechos y libertades de los demás más que los nuestros propios. Y es importante recalcar lo de «todos», pues si alguien es lo suficientemente particular como para ser la variable que imprima el caos, no merecerá la pena cumplir esas leyes supremas porque lo más importante para un hombre (como para cualquier ser vivo) es la supervivencia y para evitar todo esto deberíamos renunciar a nuestra naturaleza no solo humana, sino viva; y esto sí que sería atentar con la Constitución de Gaia".

Este sueño se resbaló entre mis recuerdos. Me puse erguido sobre mis extremidades posteriores y di una vuelta completa para divisar el panorama. No di crédito a lo que atisbé desde allí: nuevamente la estela de polvo aparecía espesa, pero esta vez bajando rauda y veloz, lo que me desveló que todo aquel pensamiento no fue una ilusión ni nada fortuito, sino que alguien que conocí hace poco, encontró en la discursión si forma más lógica y significativa de actuar.

Seguí mi descenso porque el alba estaba apunto de estallar y porque me encontré cada vez más aliviado por la meteorología, y por tener en mí la sensación de que mis valoraciones son cada vez más veraces para mi corazón.

Así fue cómo hablé sobre la justicia y tardé mucho tiempo en volver a tomar tajada, pues mi absurda ignorancia su estructuración me ha hecho opinar más cegado que la propia institución, cosa que siempre me reprocharé y me servirá para mejorar en mi comprensión. Después de todo nunca viene mal cometer un error para que se nos bajen los humos a muchos.

lunes, enero 09, 2006

A J.P.

Y Dubois, antes de irme me dijo:
"Debes de acercar mi música a todos, especialmente el Quatuor".
"Es tarea ardua la que me propones", repliqué.
"Sí, pero debes vencer todo obstáculo posible sea cosa o animal"
"Entendido. Así lo haré".

viernes, diciembre 30, 2005

La decisión desatinada

Ha pasado mucho tiempo –no según mi mente, sino tal y como lo percibe mi cuerpo congelado por el frío de tan difíciles altitudes que cada vez se hacen más inasequibles–. No volveré a pensar más en frescores cercanos a la tropopausa, pues demostré que eso podría solamente empeorar las cosas y yo no acostumbro a contradecir aquello que pienso acertadamente (al igual que un albañil no destruye lo que construye si lo hace de manera y gana buenas).

La situación durante todo el tiempo que ha transcurrido y me ha dejado sin escribir hubiera llegado al extremo fatal si no hubiera sido gracias a ricos líquenes que me encontré sobre la roca nevada, y es que la montaña no podría ser más limpia y virgen, a la vez que terminal. Pero como yo no soy eterno –pues así no sería yo– el alimento lo consumo mientras que sus energías me consumen a mí; siendo mis reservas cada vez más cercanas a mi metabolismo basal, el cual se ha visto –gracias a Dios– disminuido a causa de las irrisorias temperaturas.

Cegado por mi último logro contra los tergiversadores de mis principios, y viendo la cima a escasos metros y con un pequeño desnivel (en comparación con el que tuve que salvar en otras ocasiones); decidí reanudar la marcha. Extendí la pierna derecha y, de repente, noté frente a mí una fuerza invisible que me impedía avanzar un ápice, aunque mi necesidad de vida fuese extrema y la meta tan cercana e inequívoca.Entonces desistí aún no sin esfuerzo. Había algo que me faltaba para proseguir por última vez. Esto me hizo recapacitar y volver ilusoriamente sobre mis pasos (cortos, pero continuos) y mis comienzos. De esta forma poco a poco, siendo consciente de la poca vida que me quedaba y la gran necesidad que tenía de desistir en el intento, caí en cuenta de que no debemos olvidar nuestras raíces cognoscitivas, ya que sin tener en cuenta un fundamento no podremos nunca aprehender aquello se que soporta debajo. Pero el pensamiento que devino a definitivo y crucial llegaría de forma más espontánea, como debe de ser, al igual que las discursiones que me hicieron elevar y hacerme el corazón más altivo.

Desesperado, en voz alta, indignado por el bloqueo dije: «¿Por qué me traiciona la vida?». Y el cielo se burló de mí repitiendo lo mismo que dije, así que me dispuse a pensar y meditar de modo y manera que dejé la cabeza en blanco, procurando captar mi primer recuerdo y sorprenderme de él.

Y de esta manera, no sin mucho divagar, recordé a un viejo amigo que, aún muerto hace siglos y milenios, seguía teniendo algo que me podía ayudar enormemente. Procedía de la Grecia Antigua, mucho antes de que apareciera el hijo de Belén, y estaba desterrado al igual que yo por sus ideas utópicas y lunáticas. Pero tal y como he ido diciendo durante la ascensión, los lunáticos son los que saben y hablan de forma sintética, mas aunque esta denominación fuera desacertada y puesta en común por todos los burros y desviadores necios. Todo esto me sirvió para enmendar mi destino.

Resultó ser que aquel griego amigo tan querido y tan olvidado, tan antiguo de pensar, intentaba mejorar la sociedad basándose en Ideas, lo más real fuera de la verdad de los sentidos, y de lo que participa y, además, es imitado por todo. Y de aquí saqué las fuerzas que me permitirían dar el paso que, a continuación, debiera de dar: la vida es una idea, y como tal, todo lo vivo participa de ella y la imita. Con esto no pretendo decir que la vida no está repartida en trocitos (uno para cada ente vivo), la vida nos engloba a todos –como una tienda de campaña cubre a unos exploradores–, es decir, todo aquello que vive participa de la vida y del cambio como idea que participa de la vida, y es Dios porque la vida también forma parte de Dios como Universo, en su extensión y realidad.

Dicho esto, podemos deducir que cuando morimos dejamos de ser y de participar de la vida –dejamos de mamar de sus ubres–, perdemos el billete, la participación. Mas no nacemos y morimos de repente, lo hacemos progresivamente, como un crescendo o un diminuyendo en música respectivamente; hasta no ser oída ni sentida la vida en el segundo caso. La vida es el tiempo durante el cual participamos de esta realidad específica.

Tras merodear por la verdad, di en la diana y me sentí regocijado, además de libre de aquella presión que me impedía progresar, pero ya no era, se había disuelto con el viento plagado de cristalitos que abrasaban toda superficie.

Me puse en pie y traté de no expresar mi satisfacción con el menor esfuerzo, por ello, lo más que hice fue gritar al abismo. Seguidamente di los últimos pasos que me restaban y…«¡Por fin!», grité desahogado y el grito sonó como un Mi bemol.

Y llegué a la cima de la vida, cosa que llevaba intentando hacer durante bastante tiempo y me sentí pletórico. Y elogié mi saber subir por las escarpadas y blancas piedras. Y grité a los cuatro vientos para invitar, a quien fuera capaz de escuchar, a derribar las teorías que había obrado…, pero nadie contestó y fue entonces cuando las condiciones ambientales pasaron a segundo plano.De forma fugaz, algo robusto, fuerte, al mismo tiempo que delicado y hermoso apretó mi hombro con la mayor amabilidad y apoteosis.

«¡No puede ser cierto! Esa mano es de…», pensé, aunque la mente se me entrecortó. A pesar de que era lo que había estado esperando, no supe si lo quería o, en cambio, lo detestaba. Solté el pico de Nietzsche y le abracé.

Él era el principio como dije en alguna ocasión y él consiguió que mi visión de la realidad cambiara con…–¡sorpresa!–…la música.

Era otro maníaco, era el creador de lo que me creó como persona; no era Dios (sería incoherente que fuera el Universo), era…Dubois. Y vino con su hijo ‘Quatuor’ de la mano. Su cara amable, bonachona, cortés, brillante…no sabría describir como era, pues el tremendo fulgor que desprendía en contraste con la oscuridad que se iba cerniendo sobre nosotros de manera progresiva.

—Siéntete congratulado —me felicitó—. No exclusivamente por lo alto que has llegado, sino porque has sido tú mismo y has despreciado a aquello que desprecias, mientras que has adorado a aquello que adoras. Da la impresión de que has recibido el mensaje de mi obra en toda su forma e incluso lo has incrementado.

»También permíteme agradecerte que has pensado y además lo has hecho de manera correcta, poco a poco, con cohesión y coherencia, ya que, aunque por la acera te han mirado mal, has sabido decidir cuándo y cómo expropiar aquello que no pertenece justamente a su dueño y destrozar los pensamientos que hay en el mundo y que, como un gusano, lo están perforando y terminarán provocando que las enfermedades que le son patógenas le ataquen de la manera más rápida y trivial para destrozarlo y descomponerlo.

—Gracias. No me merezco tantos halagos.—No seas tan modesto. Pero no malinterpretes mis palabras, pues esta es tu primera aventura filosófica y, por el camino que discurres, no será la única. Ánimo, mas aguarda un poco para que hable de ti y de la música, y comprendas que lo tuyo no es cierto del todo, por lo que debes perfeccionarlo en sucesivos viajes.

—¿Cómo?

—Sí, la música. El filósofo griego que te ha ayudado, el de las espaldas anchas, ya lo dijo: “La música es la gimnasia del alma”.

»Si escuchas –y sé denotadamente que conoces la abismal diferencia con oír–, ya sea música, ya sea cualquier cosa, tu alma se alentará o se desalentará, pero en cualquiera de los casos será más viva, se agarrará más a la vida porque la música activa al alma para que cumpla su función de adherirse con más fuerza a la idea de la vida.

»Además, como una forma de arte que es, sirve para comunicar unas almas con otras, para enriquecerlas y transformarlas de manera que hagan más eficiente su labor. Ya lo dijo el maestro Falla: “la música no hace falta entenderla, hay que sentirla”. Esto se puede referir a cualquier arte, porque todas las almas hablan un lenguaje universal que va mejorando con el hombre y cada vez se hace más complejo y sofisticado hasta tal punto de que es una exquisitez para algunas y un horror para otras. Esta evolución no entiende de adaptaciones a escala global, aunque sí que en poblaciones grandes ha asumido cánones de belleza.

—Sí, escala de valores, creo que la llaman.

—Y este es un peligro, pues no podemos saltarnos decenas de miles de años de evolución para establecer unos gustos predeterminados a nuestras almas, este es el mayor de los sacrilegios que ocurren hoy día y mucho de lo que está ocurriendo se lo debemos a ese afán globalizador.

»Así, puede ocurrir que nuestras almas sean incompatibles y no soporten los consejos que mutuamente se traspasan. Por eso también quería decirte que la música no es ni buena ni mala en sí, nosotros somos los que la hacemos buena o mala; nuestras almas así lo sienten. La música es grande entre las grandes, pero no es idea. Y al igual que nosotros, las almas no son, cambian y según su estado de ánimo pueden agradecer una música o un arte del mismo modo que pueden hacer lo contrario referido a la misma música al cambiar dicho estado.

—Bien, pero la música se siente y las almas no lo hacen; eso es cosa de los sentidos del cuerpo.

—Ya, aunque tienes parte de razón –ya que el alma no tiene ojos ni oídos– te equivocas en cuanto el alma usa el cuerpo como tapiz donde se reflejan los estímulos.

—Sé que nadie te creerá excepto yo, para quien tú has sido mi maestro en las artes y mi inspirador en la corta fracción de vida que ha pasado por mí.

—Desgraciadamente pocos habrán que entiendan tu arte o el mío.

—La última pregunta: ¿Hasta qué punto una música es tal? ¿Son música algunos ruidos que se escuchan cerca de mí, que pertenecen a modas del ‘marketing’ o a reivindicaciones destructivas?

—Por supuesto que no, ya que no llegan a la vida, no son arte. La una es querer optimizar tanto los recursos que al final hacen olvidarnos a todos (y ellos son los primeros) la dignidad y los atributos para conseguir el mayor de los bienestares de la ingente masa poblacional: el dinero (pero eso es algo que debes de madurar tú); no es más que un negocio y la economía es experta en no saber qué es ella misma siempre y cuando tenga este detestable caballero entre las manos. La otra utiliza una máscara musical para hacer llegar a las almas testimonios llenos de errores conceptuales de gente que solo protesta aquello que odia, pero –y aquí radica el error conceptual– sin aportar soluciones; su música es una falacia para que sus ideales vuelen a pesar de no tener alas, en vez de pensar en que lo que les haría volar verdaderamente son unas buenas y aerodinámicas alas.

—¡Oh, qué experto eres a tenor de estas reflexiones!

—Gracias, pero mi crítica te escocerá un poco. Pues tienes que reflexionar sobre la naturaleza de las cosas. En esta ocasión te has equivocado en la velocidad con la que reflexionar (aunque tus pensamientos merecen más de una alabanza). Te has dejado atrás la naturaleza de las Ideas. No has seguido por una vez el axioma de avanzar pasito a pasito y has dejado de contestar la pregunta básica: ¿qué son las Ideas? Y después podrás deducir qué es el alma que tanto nos ha servido para describir.

—Lo haré con el tiempo. Es mi interés.—Sí, pero este recordatorio no es suficiente para provocar reacción severa en ti.

»Verás, te he estado siguiendo desde que diste tu primer paso y me duele mucho decirte que, aunque has madurado mucho durante la subida hasta la vida –y no lo has hecho mal, créeme– , no has escogido el camino correcto para llegar a ella.

»¿Por qué precisamente subiendo puede uno estar más cerca de la vida si la vida está donde están los vivos? Alejándote de la vida, no vas a estar más vivo. Todo esto es una alucinación provocada por las condiciones extremas que, eso sí, te han servido para evadirte de los prejuicios que dominan ahí abajo.

—Te entiendo, pero mi cabeza no quiere hacerlo, pues ve absurdo extender un gran esfuerzo para luego decirle que ha subido contra corriente y alejándose del destino.

—Creo que más de una vez has dicho que “uno sólo se arrepiente de las cosas que no hace”, y si no hubieras subido hasta aquí, no hubieras comprendido que el error es una de las formas con las que más se aprende a aprender. Otra conclusión, la cual te servirá de mucho, es la irte despojando de los prejuicios y equivocaciones que nacen en tu barrio para hacer justamente lo que quieres.

—Lo sé. Me siento muy afligido.

—Lo que no te mata te hará más grande, joven. Ahora es el momento de que te marches. Parte con sumo cuidado, pues la bajada es más costosa aún que la subida, pues debes de salvaguardar tu cuerpo de la fuerza gravitatoria, que al irte acercando al centro, se irá incrementando.

»Vuelve ahora a pies de la montaña y recuerda: “las apariencias deforman las esencias”.

Aquel gran hombre se despidió con un consejo. Quedé un momento cohibido por la velocidad de todo lo que me estaba ocurriendo, pero agité la cabeza y, con la noche como enemigo, decidí emprender le camino al contrario de cómo lo seguí, no sin olvidarme de todas aquellas gentes que me alumbraron para bien o para mal en el recorrido.

Todo está dicho por el gran maestro de maestros, y ya no me queda ninguna potestad para luchar contra palabras de nadie, pues hoy he quedado K.O. para un buen tiempo. Por eso me despido pidiendo que cuando baje haya asimilado todos los conocimientos que de deparó esta montaña de las desilusiones, de manera que me sienta distinto para acercarme más a la vida e interpretarla mejor de lo que hasta el momento he hecho.

He dicho.

jueves, noviembre 17, 2005

Para los tergiversadores

Se hizo el día en la montaña. Un grave estruendo perturbó mis sueños perdidos, y es que entre las alturas el terreno es más quebradizo y débil conforme vamos subiendo, cuanto más cerca estamos de la vida. Cada vez existen menos facilidades, pues formar un criterio tan íntimo va contra las leyes de la democracia.

Anoche hizo mucho frío y, como consecuencia de ello, mis músculos –siendo el corazón uno de ellos– se encogieron y se agarrotaron aún más que en otras ocasiones, aunque no tanto como el día en que encontré a un amigo.

Como hacía mucho tiempo que estaba en el lugar donde me encuentro y tomando como verdad que el mejor remedio para aliviar los estragos de este rufián es ignorarlo (ya que a veces nos creamos un círculo vicioso al pensar que la temperatura es tan baja que sigue siendo tan extremadamente baja que luego bajará más para ser aún más baja y entonces el quejarnos será nuestro único consuelo: la desesperación) y crear, en contra, una burbuja calentita donde estemos aislados de cualquier comentario y pensamiento monologuístico y hecho que atente contra la creatividad sensacionalista.

Por estas razones, y porque hacía mucho tiempo que venía arrastrando de mi compañero en el juego inesperado, decidí emprender mis dianoias discursísticas con uno de mis últimos pensamientos antes de conocer a Zaratustra (aunque él no compartiera mi discursión y se riera de mí) y comenzar esta aventura que rompe huesos rígidos, pero fortalece almas erráticas. Algo que, a pesar de tener la capacidad de proponer las más estupendas decisiones, desde hace un tiempo se ha ido desplazando a una de las creencias de fe con más telarañas que existen.

Para esto hablo: para liberar a este concepto del más puro escepticismo –tanto negativo como positivo– que cae alrededor de Él y echarlo a volar libre entre sí mismo.

Así, reentrometiéndome en uno de los aspectos en los que más avancé antes de encontrarme en este lugar y con la intención de buscar una porra más resistente que con la que di debida cuenta a esos hilos de acero, no sin antes someter mis teorías a la crítica más ingente y controvérsica; decidí ser más tortuga de las Galápagos que colibrí de un río.

Cuando adopté la actitud necesaria para afrontar la climatología y la envergadura magnífica del tratado del que me disponía a tomar tajada y parte para poder abarcarlo entero, en toda su amplitud y extensión (del mismo modo que a un elefante no se le puede comer si no se trocea); cuando me conciencié para ello me puse en pie, y cogí un pedazo de la primera nieve del otoño y la comí con gusto, pues era la única agua que podía tomar para poder hacer que mis constantes vitales se mantuviesen y no bajaran del mínimo, dejándome insatisfecho y abandonado a las estrellas que durante tanto tiempo me han acompañado.

Con fuerzas renovadas ayudé a mi compañero a reponerse y le di uno de los trozos de nieve para que la comiera. Mientras hacía esto le dije:

—Compañero, hoy quisiera hablar contigo de algo que, sé, no te interesará, pues parece algo que debe ser o bien virtud y dogma de fe para contrariar a las Ciencias y para alargar a la Filosofía, o bien una mentira peligrosa y rotunda que no deja satisfechos a los representantes de su doctrina.

—¿Y qué es ese algo? —preguntó atontado mi compañero.

—Es DIOS, amigo mío, y lo digo utilizando las mayúsculas porque mi hablar no puede realzarlo más énfasis. Pero ten cuidado cuando lo oigas o lo pienses: no es un ídolo, un ser supremo, trascendente, único y universal, creador y autor de todas las cosas, principio de salvación para toda la humanidad que se revela en el desarrollo de la historia; tampoco es un no-Dios, la broma más antigua que no existe. Aunque, espero, te habrás fijado, todo esto son cosas idénticas en cuanto uno las puede pensar. Es una misma línea invisible e irreal en la que debemos posicionarnos para bien o para mal.

»Éste es el momento en el que debemos romper esa línea mugrienta para formar un cubo tetradimensional que abarque decisiones amplias y modernas como la gente de hoy. Ellos no se merecen frases hechas como los politiqueros quieren que tengan para llenar sus bolsillos de dinero negro e ingenuo. Por eso, y como existen pocas personas que sean lo suficientemente reales conceptualmente como para llamar la atención a ellos, capitalizados zombis zumbados, necesito algo que sea nuevo en su comprensión o en el esfuerzo reflexivo que requiere. Necesito cambiar actitudes y aptitudes de la gran mole, cosa imposible a corto plazo, aunque si despierto el interés de los sistemas nerviosos más comprensivos del momento, quizá entre todos ellos sea capaz de deslizarse, no sólo esta idea, sino este modelo perfecto (hasta la fecha) de pensamiento, midiendo su tolerancia y su capacidad de aunar los extremos de la vieja línea, para hacerlos que revoloteen en el reluciente cubo de cuatro dimensiones.

—Son simplezas las cosas que te dedicas a decir, ¿no crees?

—No se trata de creer ni de hacer fieles, artistas, titiriteros, sacos adinerados,…de todo esto lo único importante, que es preciso extraer, recae sobre el arcaizado debate sobre nuestra existencia y nuestra posición, en definitiva, sobre la vida.

»Por esto cuando termine este discurso, tendré la fuerza suficiente como para ascender un poco más arriba y acercarme a la vida, porque, como te demostraré más adelante, tú eres un pedazo de aquello cuya existencia niegas. Lo cual es un infinitamente contradictorio, pues nadie en su sano juicio proclama su no-existencia.

—¿Acaso me estás despreciando?

—Así te quería yo ver (y no es que esté cayendo agua de las nubes). Si te digo la verdad tú mismo eres quien está despreciándote. Pero tranquilo, lo comprenderás desde este instante, en el que comienza la verdadera búsqueda de Dios.

»Hace tiempo, una de las críticas que intentaban falsear la integridad de mi pensamiento razonado decía: “¿Qué es eso que, opinas, es Dios? Dios no existe y punto”. ¿Qué critica merece de tu parte?

—Estoy totalmente de acuerdo.

—Venga, y qué te queda decir “y punto”. Lo único que te falta añadir es que usas para eliminar tu fe otra fe. ¿No te avergüenzas de promulgar en contra de algo que te sirve para esa misma función? Con esos razonamientos circulares no llegas a ningún lado solo a rondar cerca del horizonte de sucesos de tu autodestrucción.

»Permíteme un consejo: no vaciles en tus comentarios, pequeño de espíritu y grande de personalidad. No te mires el ombligo y creas que el hecho de que Dios sea alabado por prestidigitadores y su amplitud estorbar como un insulto al estúpido pathos de la automagnificencia del Homo sapiens.

—No soy orgulloso, simplemente no creo en aquello que no veo o de lo que no tengo experiencias que avalen su existencia.

—Hombre de fe en no tener fe te llamo. Deberías de analizar tu ética y tu moral para separar la paja (perjuicios) del trigo pesado (verdad). Éste debería de ser tu primer axioma para entender todo aquello que intento hacerte aprehender.

»Tus miras estrechas te hacen perecer ahorcado en las arenas movedizas de tus conceptos desechos y desnaturalizados. Al final comprenderás que tus ideas sirven para definir lo que buscamos. Pero primero debe de desaparecer tu creencia en que no existe Dios –y con tres palabras sería capaz de hacértelo demostrar–, aunque lo interesante es que por ti mismo intentases comprenderlo –y este pronombre enclítico no se refiere a Dios, sino a ti.

—Me jacto de tus pensamientos pedantes y zafios.

—Con esas palabras tan groseras e impersonales estás corroborando mi tesis.

—Sabes que si hay alguien que está aquí desvariando eres tú.

—Incongruente eres en verdad. Y ese es tu problema: no apartas la vista de aquello que siempre ves. Haces de la ciencia una religión –que de forma paradójica detestas– y esto deforma tu razón. Aunque tienes otras creencias y valores, que no detestas, que son más religiosos que la religión misma. Estás ebrio por ello. Pero lo que no sabes es que cada una de las verdaderas ciencias son cristales que permiten ver parte de la realidad. Yo soy científico también, pero ¿no puede la Ciencia sustituir a la religión? No en cuanto el modo de explicar una falsa realidad, sino en cuanto a explicar una parte de la realidad que no está explicada y que está enyesada con religión y filosofía.

—Y ahora eres tú quien está contradiciéndose. Acabas de perder el juicio.

—¿Y te quedas así de fresco, no piensas aportar ningún argumento? ¿O tal vez tu argumento se muestre tan trivial que sea ofesivo mencionarlo "y punto"?

»Veo que ni así puedo hacer que te quites esas lentes que tanto te evaden de realidades que ellas mismas no están preparadas para observar (cosa que no se hace con los ojos, sino con el seso), pues están manchadas por las falsedades equívocas que están resquebrajando la sociedad y la más importante de ellas es el dinero. ¡Oh! ¿Cuántos males nos quitaríamos si desterráramos el concepto parásito que el dinero tiene entre nosotros?

—El dinero. No me hagas más la “pirula”.

—Sigues con tus frasecitas hechas. Está bien. Se acabó. No oirás mis pensamientos a menos que tengas la suficiente fuerza vital como para subir por la montaña, cosa que realmente dudo, pues has estado todo el rato contrariando por contrariar. Yo he sido el médico que te ha intentado anestesiar para operarte del “síndrome del olvido de los significados”, aunque no te has dejado inocular anestesia, por consejo de tus principios antitéticos y pasionales que no redimen a nada.

Y así fue como coloqué un pie en la pared de rocas desprendidas y seguidamente el siguiente, encorvándome para llegar con las extremidades superiores a ella. Ayudado por el rozamiento y unas piedras puntiagudas que me sirvieron para ascender al clavarlas sobre el terreno arcilloso llegué a una oquedad oscura que me sirvió para descansar y ensimismarme como nunca lo había hecho antes.

Mi compañero del juego inesperado…nunca volví a saber nada a cerca de él, quizás se haya quedado pudriéndose en la montaña lentamente por los siglos o quizás ascendiera tras de mí o incluso bajó a alguna cloaca para lamer el fondo; no lo sé. El caso es que sus pies no tuvieron la fuerza necesaria como para que el resto del cuerpo adquiriera la verticalidad suficiente para seguirme y se quedó sufriendo y retorciéndose en su propio paradigma de fe.

No quise hacer leña del árbol caído y, ni mucho menos, si no lo había derribado yo (pues lo había hecho él solito). No obstante, ese lugar me recordó que aún me quedaba algo que decirle a mi compañero y era explicarle mi antigua idea de Dios:

“Dios es orden, es infinito, es más que poderoso. Dios tiene un camino para todos, es nuestra última instancia. Es lo primero y lo último. Está en todas partes porque es todas partes (en efecto, "es"). Lo siente todo porque sus sentidos son todo. En Dios se forma lo más maravilloso y lo más deleznable. En Dios se fusionan lo particular y lo inexacto; la vida y la muerte; las consecuencias del pasado en el presente que revertirán en el futuro; es decir, todo aquello de lo que tengamos conciencia y lo que no.

Dios es todo lo vivo y todo lo inerte, nosotros formamos parte de Dios sin ser precisamente perfectos en cualquiera de los ámbitos que se nos ocurran. Dios es todo aquello que nos rodea (aunque no lo podamos ver) y nosotros mismos también, aunque no somos Dios, faltaría más, formamos parte de este entorno afín que rige su destino por azar y el de todo lo elemental. Es superior a nosotros porque está en un rango jerárquico mayor al nuestro, lo que hace que no nos podamos resistir a sus decisiones casuales (al igual que las nuestras).

Él no quiere ser lo que no es, no quiere ser disgusto entre poblaciones, no quiere ser adorado por fieles, quiere ser razón de ser entre la multitud.

Si tuviera que definirlo, Dios no sería un ente, Dios sería la sensación de que todos los ideales que el hombre tiene por naturaleza son absurdos a su lado, y el sueño de que cualquier noche formaremos parte consciente de Dios.”

Dedicado: a todos aquellos pequeños tergiversadores, ratas de cochiquera que se alimentan en la pocilga del dinero y maman de los senos de la sociedad estúpida y definida por ella misma, no por sus componentes. Para los falsos, los hipócritas, los mediadores del Diablo que nos quiere ofuscar los sentidos y hacernos ignorar la realidad máxima sobre la que debemos edificar nuestra vida y caminar. Brindado a todos aquellos que hablan sin saber y a aquellos cuyo final es su principio mismo y no se marean porque viven drogados de sociedad y nunca se sacian. Ofrecido para todos porque, aunque les pese: Dios fue, será y sigue siendo el Universo.

jueves, noviembre 03, 2005

Teoría por un amigo

Ya hace frío, aún no es invierno en mi mente, pero las ideas se me congelan al ver cómo las austeras temperaturas me hacen recordar que no todo el monte es orégano y que habrá una temporada muy dura a partir de ahora.

He intentado encender un hogar para calentarme las espaldas, pero los palos mojados por el rocío me lo han impedido.

La persona del juego inesperado aún sigue a mi lado, aunque creo que al final no va a ser un buen compañero de viaje, pues unas veces tergiversa mis pensamientos y otras veces quiera aplicar mi método de reflexión sin saber en qué se fundamenta. Pero a él le importa más su descanso que el entumecimiento de sus músculos: está durmiendo, es de noche.

Hace tiempo que aprendí que la mente es el arma más eficaz para combatir la sobreexcitación del mis sentidos, ya que cuanto menos los maldigas, menos te maldecirán a ti.

Pero todo tiene un límite y la mano fría sigue viva y teme morir ridiculizada por la quemadura de lo antónimo al fuego. Y llega el momento en el que te avisa de que algo no marcha todo lo bien que debiera y no puedes ignorar al cuerpo, pues es tu soporte físico de pensamiento, entonces no sería nada, por mucho que pensara, mis discursiones serían fantasía de épocas pasadas por otros vientos.

El panorama no pintaba bien, todo se venía abajo sobre mí. La luna estaba nublada y el aire era quieto y paralítico: ante condiciones extremas, no puedes controlar tu cuerpo y rompes a tiritar miedoso de que la ley de Murphy se haga latente en mí.

De todos modos, nunca me gustó ser catastrófico –pues no existen los extremos– y negativo –porque es la postura en que siempre ganas: si la situación sigue en relación a ti igual, no está peor, es un sentimiento alentador; si continúa peor dirás “ya lo pensé, al menos mi cabeza lo lleva asimilado desde hacia un tiempo”. ¿Y qué le queda al positivo? Nada, realizando pensamientos de cariz afirmativo nunca ganarás nada siempre te quedará la resignación indiferente de la estabilidad de acertar con la vista; y se sumará a ella la sensación del fracaso o la burla de la verdad cuando tu autoestima se caiga por los suelos– en ese momento caí hasta lo más bajo e inmundo que mi corazón podía atisbar: era el fin de mi autocontrol.

¡Pobre de mí¡ El cielo se me caía, pero aún en los momentos más difíciles siempre hay una estrella que te hace soportar lo insoportable: es la vida.

No lo esperaba, pero desde la penumbra salió un ente humano a saludarme y entre mis venas la sangre corrió algo más viva y me sentí más vivo a pesar del sobresalto de la incertidumbre que pesó sobre mí.

—Hola —me saludó e hizo ademán de darme la mano.

—¿Qué hay? —le respondí, pues no se me ocurría otra fórmula para contestarle, además acepté su intención y le correspondí con lo propio—. A ti te conozco —añadí.

—Es cierto y yo también a ti.

—Tú me inculcaste un detalle precioso sobre Dios. ¿Qué haces aquí?

—Es difícil creerlo, pero el azar nos ha vuelto a hermanar.

—No era esa mi pregunta.

—Bueno, estoy aquí porque vivo aquí, en este peldaño de la montaña, simplemente. Soy persona nocturna y no me había despertado hasta que oscureció.

—¿Dónde vives?

—Algo más arriba, uso una cuerda camuflada por las piedras y la propia piedra desprendidiza para ascender los dos cuerpos de altura que separan mi dormitorio de este “salón”. Los motivos son también causales, es el propio caminar lo que me ha traído hasta aquí.

—La casualidad solamente no te ha podido traer hasta aquí, tú o alguien ha hecho que estés donde estás. Existe otra razón y, me temo, es muy poderosa —no me creí su respuesta.

—No te lo tomes a mal, pero no hay nada que te quiera ocultar —se defendió con voz poco elaborada.

—Sé que no es cierto.—Bueno, te rescato de su situación introvertidamente fatal y así me lo pagas.—¿Acaso destruir tus fantasmas no es una buena forma de regalar?—Está bien —dijo resignado—. La culpa es de ella. —Y su voz se tornó temblorosa.

—¿Quién es “ella”? —dije lleno de incertidumbre—. Su, su, su cara. No la conozco —me quedé más desconcertado si cabe al mirar en sus ojos la cara de esa mujer morena de pelo liso y mirada penetrante. De tanto pensar en ella, sus ojos reflejaban sus ideas.

—Su apariencia, da igual, por su piel múltiplemente cambiante estoy aquí.

—¿Qué ocurrió?

—No lo sé exactamente. Te lo contaré antes de entrar a valorar: Es ella una persona de personalidad cambiante, ya lo he dicho. Puede pasar de estar hablando contigo y sentirte misericordioso por ello a pasar de ti olímpicamente si tú la ves por la calle.

—¿Por qué lo sabes tan bien? —pregunté— ¿Estuviste con ella?

—Sí, y fue una bonita experiencia, pero…—Pero la conociste tanto que te diste cuenta que no era tal y como la pensabas.

—No es totalmente así, es difícil de explicar —hizo una breve pausa para coger aliento—. Pasas de un lado a otro con asombrosa facilidad: es como una asíntota.

—Creo comprender qué me estás diciendo, pero no llego a alcanzar eso de la asíntota. Quizá sería mejor al ejemplo de un círculo, quieres decir que pasas de extremo a extremo casi sin margen para asimilar nada y creer en nada.

—No del todo, más bien sería como un óvalo en el que sus focos no se alinean en posición horizontal, sino que la hacen verticalmente y, además estos puntos están alejados bastante de sí comparándolos con el resto del óvalo.

—Ya, y lo mismo puedes estar subiendo que bajando en un margen de tiempo muy estrecho y eso te crea contradicciones inesperadas. He de decir que estoy perplejo por tus sentimientos, pues me es muy difícil creer algo que no me pasa a mí, y más cuanto más nos acercamos al terreno de las relaciones intraespecíficas estrechas.

—Ya lo sé, aunque no existe nada que pueda aliviarlo.

—Es extraño y extravagante para mí, ya que es algo que nunca había oído ni se me había pasado por la cabeza. Es más, te diré la verdad, yo no creo que eso pueda ser así: primero, no creo en que existan los extremos como realidad, como algo que se pueda materializar; y, segundo, para mí son como reglas de medir abstracciones, para tener una referencia útil a la hora de describir lo que nos pasa, más que un hecho. Imagínate una recta: sabes que llega hasta el infinito por un lado y hasta el menos infinito por el otro, nunca la alcanzas realmente esos extremos, aunque los conoces teóricamente, normalmente siempre nos movemos hacia un lado u otro del cero, pero es muy importante no tocarlo mucho, pues la indiferencia es uno de los males de la sociedad que más nos dañan. Puede ser que te acerques tanto a ellos como para pensar que estás en ellos, pero una mirada precisa te dirá que no, es imposible.

»¡Oh! El ejemplo de la asíntota es inmejorable: por mucho que nosotros veamos cómo desciende y se precipita cada vez más la gráfica de una exponencial, de derecha a izquierda, cada vez más cercana al eje X, nunca se nos pasaría por la cabeza que no llegaría a tocarlo, pero el caso es que se aproxima a él hasta al menos infinito sin que esa tendencia se desvaneciera: es un quiero y no puedo.

»Son cosas distintas: Tú tienes una posición en la recta que se tambalea velozmente en el centro y que no llega a los extremos por mucho que tú ves, se acerca nítidamente.

—Y eso es lo que me ocurre: quiero estar con ella porque me cae muy bien y su presencia me hace ascender a lo divino, pero no puedo llegar hasta ella y hacer que me valore tanto como ya la valoro, como para que mis esfuerzos sean fructíferos, es el cuento de nunca acabar, el cuento de la asíntota.

—Me has hecho comprender algo sobre mí que nunca hubiera aprehendido si no hubiera sido gracias a tu ayuda, por lo que me siento muy agradecido. No obstante, me siento dolido por recibir conceptos y no devolverlos, además de por romper mi promesa del principio. Aunque no temas, pues yo haré no sólo que tu ejemplo se perpetúe hasta el fin de los días en este texto, sino que quedará plasmado en todo lo que haga desde este momento y así ocurrirá con los que abracen mis letras. No te olvidaré, amigo mío.

—Gracias —y se emocionó.Ambos nos despedimos congratulados. A pesar de que se quedó sin pago como se lo prometí, yo gané muchísimo en mi camino hacia la vida y él un poco de esperanza en su vida rastrea en el abismo.Subió con gracilidad por su cuerda mimética y se encerró en su estrecha gruta, pero con una sonrisa de sinceridad en la boca.

En esta ocasión aprendí que a veces la situación se te puede abalanzar sobre ti y hacer que un factor incremente exponencialmente si la pesadez le afecta.

También supe que hay historias, y gente buena y atormentada que te hacen comprender que en la línea de sentimientos te puedes encontrar una amplia gama tan cerca de los extremos que nunca serías capaz de imaginar que existen.

Aún así, encontré un método para describir situaciones de forma esquemática y rigurosa. Como René Descartes, padre de la Modernidad, deberé utilizar las matemáticas como paradigma en muchas de mis argumentaciones, pues ellas han dado al hombre la capacidad de abstraer la realidad y viceversa. Y como la vida es la máxima realidad, puede ser representada o simbolizada por las matemáticas.

¿La vida es un camino? No necesariamente, ¿seríamos capaces de representarla como un segmento de recta? Hay para quien la vida es vivir y esta es una reflexión circular que sólo nos sirve para embriagarnos a base de desorientación conceptual. Mi vida es la vida en sí en su sentido amplio y, por lo cual, no debe de ser víctima de las manipulaciones de los pareceres. ¿Esto diciendo que la vida es una recta? No sería tan extraño, todavía no existe nadie quien pueda decidir cuándo y cómo empezó y acabará, es más, no sería capaz de encontrarse a sí mismo, pues no sabría decir qué es la vida, por lo que no estaría lo suficientemente seguro de que estuviera vivo: desterremos que la vida es mera función biológica.

Y si la vida se representase con una recta, todo lo que abarca y es real estaría ahí comprometido a ella en cuanto a existencia y significado. Habría números naturales, reales, luego fraccionarios, luego irracionales y entre estos permanecerían en el anonimato otros que no conocemos o que ignoramos su existencia, esto es lo que llamo contrario a la vida, contrario a la realidad.

Pero antes de nada, volví a recordar a aquella persona que había ganado un amigo, por muy lejos que se sintiera, yo estaría cerca para recordarle cuán oportuna es la vida y fascinante en su interpretación.

Y en aquella fría noche, yo sonreí a Dios, no por frío, sino por amor y le prometí que pronto le defenderé de aquellos que quieren destruirle con falsas intenciones., porque repito: Dios es el Universo.

jueves, octubre 20, 2005

Una conclusión estrafalaria

De vez en cuando es bueno saber que si dejas de centrarte en un tema, si te esquinas a la ribera del río, podrás verlo en una extensión más nueva cuando te hacer a él de nuevo. Pues el mundo, la vida, es continuo cambio y si te estás muy quieto, puede ser que algo te arroye y te tire al río en cuyo margen estás sentado.

Éstas fueron mis decisiones para plantearme situciones un tanto raras, e incluso ridículas que, aunque las pueda calificar justamente de esta manera, no están tan alejadas de la sociedad que presume de ser tan eficaz.

Y ahora quiero que seáis vosotros más que nunca y estéis con los pies sobre vuestra vivienda, pues por una vez dejaré mi mente imaginar en el sentido que ella quiera.

¡Cuidado! Porque puede ser causa de un inmenso dolor de cabeza.

Imaginad: vosotros, una noche cualquiera, os encontráis tirados en el sofá del lugar donde residís y viendo vuestro programa favorito de televisión, y claro, no te es posible dejar de ser feliz con el contenido que allí se muestra. Y la felicidad es un sentimiento que rodea a una persona abarcando un radio tan grande cuanto más feliz es ésta.

Y ocurre que el mismo techo no solo cubre a los que comparten gastos contigo para alimentar un mercado de estafadores, sino que hay otros tanto por arriba como por abajo que te causarán problemas por el mero hecho de ser como eres: alegre y dichoso.

Parece, la verdad, que yo nunca he experimentado una experiencia tan paranormal –según mi criterio–; parece que hay átomos que no soportan ese aura de felicidad que esparces –al igual que la luz– por cualquier medio por muy físico (y si es por el aire a través de ondas mecánicas, peor) o inmaterial que se considere.

Las represalias no se hicieron esperar, ya lo supe después, cuando el sol se alzó en su cenit. Por parte de mis compañeros (salvo el que me acompañó en mi regocijo). Se quejaban, no sé si por envidia o por verdadera molestia (eso es algo que sólo uno saben y ellos saben que son ellos mismos), de haber sido enfadados. "Uno no se enfada si otro no le provoca y éste primero pone de su parte todo lo posible para ser enfadado, debería estar fastidiado consigo mismo", pensé. Y, a la vista de sus poco meditadas declaraciones, advertí que a penas –sino nada– había cuajado en ellos esa lógica posibilidad.

Nunca me gustó defraudar a nadie y que nadie me defraudara a mí, pero no me gusta enseñar a quienes no quieren aprender, pues en realidad estoy perdiendo el tiempo, es como si hablara con una cabra: nunca te hará caso si tu no te pones a comer la misma hierba que ella y si para hablar con ella es necesario prescindir de comer, seguro que ella se marchará antes que pronuncies una palabra, ya que ahora no estás jugando el rol que te ha tocado por vivir en ese rebaño.

Ellos me estafaron, porque me consideraron una alimaña y mis oraciones eran mística brujería, pero ya acostumbrado a los palos otro más no conllevaría un porcentaje mayor al de la exponencial de cualquier número que no sea mayor que el uno. Decidí, entonces, no prescindir de mi felicidad, sino adecuarla un poco a su canon.

Cuando yo creía que todo había pasado a ser anécdota estúpida, me encontré con otro escoyo donde comenzaría más adelante la mayor divagación de esta entrada. Resultó haberse presentado un hombre de mediana edad que decía que yo le había causado un perjuicio, no sin antes recordarme la posibilidad de, al ser vecino, bajar a su vivienda para pedirle el favor que yo considerase necesario cuando yo lo considerase. Yo no sé mucho de la vida, pero juzgad: ¿no acaban de empezar las contradicciones? Y también hubo unas condiciones a destacar, aunque en ese preciso momento no las percibí: el discurso del vecino de abajo fue presenciado por todos mis compañeros excepto por uno (llamémoslo desde ahora "C" sin buscar más analogía que el albedrío de mi mente).

Con la ánima más calmada a la vez que triste, repetí mi operación cotidiana durante aproximadamente un 0,0267857 % de la semana y, reprimido, no disfruté todo lo que hubiera deseado en mis sueños. De todos modos, me sentí tranquilo porque, aunque estaba perjudicando a mi forma de entender la vida, no iba a hacer que mi celebro sintiera más agudos pinchazos generalizados.

¡Joder! Perdón por mi coloquial expresión pero ya no dejan tranquilo a nadie por no dejar tranquilo a nadie y mis más cercanos allegados, volvieron a atacarme con su política tripartidista y mayoritaria. Pero ya mi razón no consentía rebajarse a 0x10 elevado a 23 Molar. ¡No!Lo sentí muy mucho por ellos pero era algo que no controlaba.

Una semana después tuve noticias de mi amigo. Lo encontré por casualidad en el rellano donde se encontraba ubicada su vivienda con un carrito que llevan las abuelas en la ciudad pueblerina de la que procedo. Era patética esa estampa y no pude ver ni a sus hijos ni a su praeja sentimental. ¿Un hombre con el sueño tan ligero y que dice trabajar más de doce horas en un día puede realizar tantas actividades en un día de descanso laboral? Decídanlo, yo ya lo he hecho.

Y unas 36 horas después, el individuo al que llememos "C" trajo consigo una persona que traía consigo una máquina de hacer ruido. Dicho personaje compró para lo ocasión una botella que contenía una bebida alcohólica traida de tierras escocesas y la puso en la repisa central del mueble de tres baldas que está junto al televisor. La máquina de hacer ruido cumplió su función y nos motivó exacerbadamente para acompañarla.

La hora "h" –en la que el vecino extraño y lunático, amenazó, era su hora legalmenete estipulada para dormir– se cumplió y atemorizados por lo que pudiera surguir, nos encontremos con que no conseguimos tirar por el balcón a la máquina hasta la hora h:45. Aliviados y con el júbilo que me provocaba el programa todo quedó en calma. A la hora h+2:30 me fui a acostar ya con el reto cumplido de haber hecho como si –al fin y al cabo, los que con los sentidos se quejan, con los sentidos se conforman– rebajara mi cociente racional al nivel mundano.

Esa misma mañana me desperté y me dirigí al lugar donde hay que pagar para trabajar y si no eres honrado o uno de ellos nadie te ayudará como pueden ayudar los que tienen los ojos muy avivados. A la vuelta, me encontré al vecino de abajo cargado con una bolsa llena de pan de todos los tipos y tamaños: largos y finos, pequeños y abombados, blancos, integrales, tiernos, duros, etcétera. Bueno, y también una cosa verde cuya esencia no pude detectar , pues estaba velada por el plástico fino. Se me vino a la cabeza la escena del carrito de compras y de lo mucho que trabajaba el vecino aún estando trabajando teóricamente de paisano en su tiempo de oficio.

Era una persona peculiar y pintoresca sin lugar a dudas (ni tan siquiera metódicas) y esta vez no pudo serme indiferente un hecho que ocurriría unas horas después.

Resulta que esta vez no recibí represalias con respecto a mis compañeros y me sentí satisfecho por el fruto que recogía de mis esfuerzos.

Entonces sucedió que el señor "C" recibió un mensaje de alguien muy conocido por todos –excepto por él mismo, quién no presenció su parrafada discontinua–: "Soy el vecino de arriba y ayer estuvísteis haciendo mucho ruido y no pude dormirme hasta la hora h+2:00". Fue lo que "C", me dijo, escuchó de su interlocutor.

Directamente pensé que no había tomado bien el mensaje y sería el sentimentamente tacaño vecino de abajo. Pero lo peor es que "C" no quiso razonar la realidad y optó por la vía más fácil y rastrera de todas: culpar a quien había estado hasta la hora h+2:30 con la espalda dolorida para escuchar algo de su programa con el fin de no perjudicar a nadie.

No sólo lo pensé, sino que me fue grato conocer que él mismo admitía su actitud mediocre a afirmar que si el vecino no durmio hasta dicha hora era por mi culpa –yo que había estado escuchado el programa con la misma intensidad sonora desde la hora h+1:00–.

Lógica! ¿Estás verdaderamente ahí? No la encontré y en su lugar se encontraba la paráfrasis con forma de lengua de serpiente.

La tensión no pasó a mayores consecuencias, pero me dejó un poco mosqueado, es cierto y consecuente.

A los cinco días llegó la conclusión. "C" Se quejó de nuevo de que podía oír el más ínfimo sonido por la noche (no te quejes –dije yo– por tener desarrollado el sentido de la audición como pocos seres humanos lo tienen) y me reprochó de que había desplazado su bebida irlandesa al estante de arriba, advirtiéndome de las consecuencias que podía tener el desobedecerle.

¿Acaso tenía por vecinos de arriba y abajo y enmedio personas con una capacidad prodigiosa por encima de la media normal para detectar el más leve indicio de vibración mecánica? ¿Acaso los errores de ellos mismos no se basaban en cometer paráfrasis que se meten entre las piedras y solo los avispados pueden verlas y cazarlas? ¿Acaso no son el vecino de abajo y "C" los que tienen que levantarse a las 8 de la mañana para un trabajo duro con el que no se esfuerzan denmasiado? ¿Quizás dentro de la botella de bebida escocesa haya algo que no se beba y sirva para espiar ópticamente mi felicidad noctura para que pueda ser envidiada, ya que de otra manera no podría ser factible? ¿Es cierto que si estas personas con personalidad tan cambiante no fueran la misma que ya no sebe que personalidad adoptar para que su trama sea más real?

¿Es posible que "C" sea el vecino de arriba y el de abajo además de él mismo? Yo creo que sí, pues él fue "casualmente" el único compañero de los cuatro que no estuvo presente durante el discurso del vecino de abajo, ¿o tal vez sí? También fue "C" quien dijo que el vecino de arriba penalizaba mi compormiento a base de llamadas al portero automático: patético ¿no? Y... la botella... eso me inquieta más todavía. Ah, por no decir de que la luz de la casa del vecino o no es tal, o se enciende, pues si miras al balcón de abajo, siempre está oscuro, tampoco se oyen a los hipotéticos niños, excepto la mañana del día festivo, en la que yo me quedé dormido tras oír la sonora bronca del vecino sensible a los sonidos por poca que sea su intensidad.

Esta es solo una de las pobre historias que te está escribiendo la vida y de la cual no puedes escapar porque ella te quiere formar como persona por mucho que sea ignorada: es inexorable.

Por lo demás, juzgad por vosotros mismos. Yo me quedaré esperando haber si la vida me depara sorpresas.

 

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